
1)La llamada «Teología del Pueblo» es una variante ligth de la Teología de la Liberación, pergeñada por el jesuita Juan Carlos “Cacho” Scannone, que influyó poderosamente en el más famoso de sus alumnos, Jorge Mario Bergoglio.
El ambiente en que la T deL P, apareció y creció está signado por el discurso que el Papa Juan XXIII “il buono”pronunció el 11de octubre de 1962,en ocasión de la apertura del Concilio Vaticano II:
“En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia”
Como se advertirá, este es un discurso claramente progresista, impregnado de un utopismo,ajeno por completo.de la buena enseñanza católica, siempre distante del optimismo tonto y fácil.,y ajustada al sano realismo aristotélico—tomista. Apenas unos años antes, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Pío XII afirmaba que “se precisaba construir todo un mundo , desde sus cimientos”
En 1962,el comunismo estaba vivo y operante,ya con Fidel Castro,instalado en Cuba,después de haberse proclamado”marxista-leninista de toda.la vida”,mientras preparaba las guerrillas que desoués asolaron Hispanomérica.
No es momento de hablar aquí de los estragos creados por los document os conciliares, hoy transformados por la ideología modernista, pese a los ingenuos intentos de los “hermeneutas de la continuidad”, amparados bajo la capa de Benedicto XVI, uno de los responsable intelectuales del Concilio.

2)Pocos años después,en 1968,hacía su aparición formal la Teologia de la Liberación.en el Documento Final de la Conferencia de Medellín.El núcleo de dicha teología se transcribe en el texto que sigue:
“Nos dirigimos finalmente a aquellos que, ante la gravedad de la injusticia y las resistencias ilegítimas al cambio, ponen su esperanza en la violencia. con Pablo VI reconocemos que su actitud «encuentra frecuentemente su última motivación en nobles impulsos de justicia y solidaridad. No hablamos aquí del puro verbalismo que no implica ninguna responsabilidad personal y aparta de las acciones pacíficas fecundas, inmediatamente realizables. Si bien es verdad que la insurrección revolucionaria puede ser legítima en el caso «de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificase peligrosamente el bien común del país» <29>, ya provenga de una persona ya de estructuras evidentemente injustas, también es cierto que la violencia o » revolución armada» generalmente, «engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas: no se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor»
Esta es la educación liberadora que América Latina necesita para redimirse de las servidumbres injustas y, antes que nada, de nuestro propio egoísmo. Esta es la educación que reclama nuestro desarrollo integral. la deficiente adaptación de las estructuras eclesiales.
Hasta ahora se ha contado principalmente con una pastoral de conservación, basada en una sacramentalización con poco énfasis en una previa evangelización. Pastoral apta sin duda en una época en que las estructuras sociales coincidían con las estructuras religiosas, en que los medios de comunicación de valores <familia, escuela y otros> estaban impregnados de valores cristianos y donde la fe transmitía casi por la misma inercia de la tradición.
Los tradicionalistas o convervadores manifiestan poca o ninguna conciencia social, tienen mentalidad burguesa y por lo mismo no cuestionan las estructuras sociales. En general se preocupan por mantener sus privilegios que ellos identifican con el «orden establecido». Su actuación en la comunidad posee un carácter paternalista y asistencial, sin ninguna preocupación por la modificación del statu-quo. Las fuerzas militares apoyan en diversas partes esta estructura y, a veces, intervienen para reforzarla”
A modo de introducción al tema, sirvan estos apuntes míos.

Esos Documentos amazónicos y sudamericanos no representan en absoluto el estilo de la Predicación de Jesús en su Vida Pública. Sus discípulos, tampoco fueron capaces de entender ese estilo del Maestro. Precisamente los dos discípulos de Emaús , y Jesús resucitado ya, le echaron en cara de que esperaban de El esa «revolución» que liberara a Israel de los romanos. Y Jesús se inclina por explicar su Misión que es la de la Iglesia.