CUESTIONES VARIAS SOBRE EL FIN DE LA HISTORIA

Para el hombre clásico, la historia era algo circular, con sus corsi e riccorsi, como enseñaba el gran napolitano Vico. Y era así. Dado que la naturaleza humana era siempre la misma. Solía decir mi maestro Alberto Falcionelli “la historia siempre se repite, hasta el vómito”, porque es un continuo “volver a empezar”

Podemos ejemplificar a través del esquema aspiración, maduración y caída de las civilizaciones, quedando para las mentes lúcidas discernir cuando aparecían los signos de cada una de esas etapas. En el libro VIII de La República, Platón ofrece una clase magistral (como todas la suyas), sobre lo que sucede con los distintos regímenes políticos y el papel que juega la hybris en su hundimiento y desaparición

Para el hombre moderno, moldeado en la mala filosofía cartesiano-hegeliana, la historia es una línea recta indefinida que opera por sí sola, independientemente de la voluntad humana, tendiendo a un fin sólo conocido por los gnósticos iluminados, como Carlos Marx o un Fukuyama. Un griego tendría por cierto que esto es pura barbarie intelectual.

Baste recordar que para el marxismo el fin de la historia era la implantación de la sociedad sin clases, que aparejaba la extinción del Estado.

En cuanto a la mentalidad liberal, se puede afirmar, en términos generales, que el fin de la historia es procurar la mayor felicidad posible, conforme a la consigna lockeana estampada en la Constitución de los USA.

Pero lo que sucedió es que el marxismo finiquitó en Rusia en 1989 y se instaló en Occidente con el Gramcismo*.

Y sobre la felicidad con la que soñaban los liberales, hagamos memoria de lo sucedido al finalizar la Primera Guerra Mundial, cuando se aclamó al Tratado de Versalles, que terminaría con todas las guerras, según el magín de ese optimista incurable que fue Woodrow Wilson.

Más le hubiese valido considerar la advertencia de Lloyd George: “Versalles será causa de la próxima guerra mundial”

Y termino con otro de mis maestros, el Padre Julio Meinvielle:

“La Historia Santa es, en definitiva, la historia de Cristo y de la Iglesia, su Cuerpo Místico. Hay otra historia, una historia profana, que escribe el hombre marcando su huella en todos los rincones de la tierra. Esta es la historia de las diversas civilizaciones que se suceden en el predominio de los acontecimientos humanos. Aunque parece aquí prevalecer la voluntad del hombre, Adviértese sin embargo una dosis grande de necesidad, de fatalidad, «fatum», por donde se vislumbra cómo la acción providencial divina condiciona y cómo dirige la marcha de los acontecimientos humanos hacia fines, cuyo conocimiento se reserva. Es que, en realidad, no hay sino una única historia, la que escribe Dios con el concurso de todas las criaturas. Esta historia es un drama grandioso, con su principio, con su nudo y trama y con su desenlace.

La Augusta Trinidad inicia el desarrollo escénico con la obra de la creación. La creatura inteligente, creada gratuitamente por Dios, desordena con su pecado el primitivo plan divino, sembrando desorden donde Dios puso orden. Dios aprovecha la culpa y el desorden del hombre para la realización de un plan más admirable de reparación, donde resplandezca su justicia y su divina misericordia. Cristo resucitado es la pieza maestra de este plan. Y con Cristo, sus elegidos. Cuando el Cuerpo de Cristo logre su plenitud, la historia habrá terminado.

https://www.traditio-op.org/biblioteca_no_OP/Meinvielle/Los_judios_en_el_misterio_de_la_historia_y_de_la_escatologia_por_Julio_Meinvielle.pdf

Ver *Karl Gottfried, The Strange Death of Marxism

SOBRE EL HIJOPUTISMO

No hago más que copiar y pegar:

En un comunicado, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) expresó su pesar por el fallecimiento de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, más conocida como Taty Almeida, y su cercanía con la familia y amigos, así como con las Madres de Plaza de Mayo.

El texto resalta la valentía y responsabilidad de Taty en tiempos difíciles, su testimonio para las nuevas generaciones y reafirma el deseo de que “Nunca Más” el terrorismo de Estado se adueñe de las instituciones argentinas”.

El comunicado, con fecha del 15 de mayo, fue firmado por el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Daniel Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal, y por monseñor Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro y secretario general.

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