El artículo 38 de la Constitución Nacional dispone que:
“Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático.

Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información publica y la difusión de sus ideas.
El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes.
Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio.”
Pura letra muerta es todo ello: los partidos son variopintas sectas y facciones animadas solamente para conseguir el poder a cualquier costa y su único objetivo es la rapiña para fines personales. Y corresponde decir que en esa tarea disolvente son apoyados por jueces que utilizan la ideología y no el derecho.
Hoy estamos gobernados por un rejunte político, un conglomerado producto del hartazgo colectivo, resultante de las tropelías de los Fernández. Voté a Milei-Villaruel nada más que para salir del pozo, a sabiendas de que se trataba del mal menor político, pese a los que insisten obcecadamente en que éste no existe, como si en la vida sólo existen el blanco y el negro. Es inútil discutir con semejantes ideólogos. (Agrego que albergaba cierta expectativa por la candidata a vicepresidente, pero su conducta posterior me desilusionó totalmente)

Volvamos al rejunte: si ya me había disgustando la súbita alianza con Bullrich.-forjada a instancias del petimetre Mauricio-no puedo decir menos que la aparición de Santilli fue peor.(Tanto la actual senadora como el ministro habían sido descalificados duramente por Milei).
En otros tiempos se votaba a partidos, más o menos organizados y uno sabía a qué podría atenerse.
Ahora corremos el riesgo de la disgregación política, con todos los males que conlleva. Para colmo, la susodicha oposición, que, a falta de programa, se limita a insultar a Milei, después de haber dedicado su tiempo a ocuparse de un personaje menor como Adorni, un ladronzuelo de cabotaje comparado con los K.
No me siento capaz de hacer “futurología”, como hacen los “opinólogos” que nos agobian a través de la TV.
Solamente afirmo que la disgregación política es sumamente peligrosa para la existencia nacional.
Que el sayo le caiga a quien corresponda. Así las cosas, no debería sorprendernos de que el año próximo Milei siga siendo el mal menor a quien votar.
Un dato más para verificar el fracaso de la inteligencia argentina.
